🇪🇸 ESPAÑA NO SE RINDE. ESPAÑA PREVALECERÁ. 🇪🇸
Hay acontecimientos que ponen a prueba a una nación.
Pero, sobre todo, hay acontecimientos que ponen a prueba a quienes tienen el honor y la responsabilidad de gobernarla.
Ceuta ha sido una de esas pruebas.
Y los españoles tenemos derecho a preguntarnos si quienes tenían la obligación de anticiparse, proteger, coordinar, reaccionar y explicar estuvieron a la altura de España.
Porque aquí ya no hablamos solamente de inmigración.
Hablamos de fronteras.
Hablamos de soberanía nacional.
Hablamos de seguridad.
Hablamos de ciudadanos españoles.
Y hablamos de una ciudad que no es una colonia, ni una concesión, ni una ficha sobre un tablero diplomático.
CEUTA ES ESPAÑA.
El propio presidente del Gobierno calificó lo ocurrido como un ataque y una violación de la integridad territorial española.
Que nadie olvide esas palabras.
Porque cuando el presidente de una nación afirma que su integridad territorial ha sido atacada, ya no caben frivolidades.
Ya no caben medias palabras.
Ya no caben contradicciones entre ministerios.
Ya no cabe esconderse detrás de tecnicismos sobre si una advertencia fue un informe, un mensaje, una comunicación o una alerta formal.
Había información.
Los documentos desclasificados muestran que el CNI detectó convocatorias para entrar en Ceuta por mar y por la valla.
Hubo comunicaciones.
Hubo advertencias.
Hubo contactos con la Guardia Civil.
Hubo comunicaciones con la Delegación del Gobierno.
Hubo incluso comunicación con los servicios de inteligencia marroquíes.
Y el presidente de Ceuta afirma que ya había pedido activar la emergencia nacional y el mando único.
Después ocurrió lo que ocurrió.
Y ahora España tiene derecho a saberlo absolutamente todo.
Quién sabía.
Qué sabía.
Cuándo lo sabía.
A quién se lo comunicó.
Quién decidió actuar.
Quién decidió esperar.
Quién minusvaloró la amenaza.
Y, si hubo fallos, quién responde por ellos.
Porque gobernar España no consiste únicamente en ocupar un ministerio, aparecer ante las cámaras o pronunciar discursos cuando la crisis ya ha estallado.
Gobernar España significa asumir una responsabilidad.
Y la primera responsabilidad de un Estado soberano es elemental:
PROTEGER SU TERRITORIO.
PROTEGER SUS FRONTERAS.
PROTEGER SU SOBERANÍA.
PROTEGER A SUS CIUDADANOS.
Eso no es nacionalismo extremo.
No es una cuestión de izquierdas.
No es una cuestión de derechas.
No es xenofobia.
No es propaganda.
Es Estado.
Y cuando falla el Estado, quienes lo dirigen tienen la obligación moral y política de explicar por qué.
No aceptamos que las contradicciones se conviertan en normalidad.
No aceptamos que una ministra diga una cosa y otro ministro otra.
No aceptamos que las responsabilidades desaparezcan enterradas bajo ruedas de prensa.
No aceptamos que se pretenda resolver con semántica lo que sucedió sobre el terreno.
Y, sobre todo, no aceptamos que después de calificar los acontecimientos como un ataque contra nuestra integridad territorial se pretenda que España pase página sin conocer toda la verdad.
No.
España tiene memoria.
España merece explicaciones.
Y Ceuta merece respeto.
Los documentos conocidos también describieron una falta de reacción proactiva suficiente de las autoridades marroquíes durante momentos decisivos de la crisis.
España tiene, por tanto, todo el derecho del mundo a exigir respuestas a Marruecos.
Sin complejos.
Sin servilismos.
Sin estridencias.
Pero con toda la firmeza que corresponde a una nación soberana.
No afirmaremos aquello que todavía no esté demostrado.
Pero tampoco permitiremos que aquello que está documentado sea enterrado bajo el silencio.
Queremos saber qué ocurrió al otro lado de la frontera.
Queremos saber por qué.
Queremos saber qué hicieron las autoridades marroquíes.
Queremos saber qué dejaron de hacer.
Y queremos saber por qué España llegó a encontrarse en una situación semejante.
Marruecos puede ser nuestro vecino.
Puede ser nuestro socio.
Puede ser nuestro aliado en numerosos ámbitos.
Pero hay una condición que debe estar por encima de cualquier tratado, negocio, acuerdo comercial o conveniencia diplomática:
EL RESPETO A ESPAÑA.
España no debe arrodillarse ante Marruecos.
España tampoco necesita enfrentarse gratuitamente a Marruecos.
España necesita algo mucho más sencillo:
hacerse respetar.
De Estado a Estado.
De nación a nación.
De igual a igual.
Y cualquier Gobierno extranjero debe tener meridianamente claro que existe una línea que España jamás permitirá que sea cuestionada:
su soberanía nacional.
Ceuta es España.
Melilla es España.
Y eso no depende de la opinión de Rabat, de Bruselas, de un ministro ni de ningún Gobierno circunstancial.
Pero nuestra indignación no puede dirigirse únicamente hacia fuera.
También debemos mirar hacia quienes nos gobiernan.
Porque fueron ellos quienes asumieron voluntariamente la responsabilidad de hacerlo.
Ministros.
Presidente.
Delegados del Gobierno.
Altos cargos.
Responsables políticos.
Todos ellos tienen derechos.
Pero también tienen obligaciones.
Y cuando se ocupa la más alta responsabilidad pública de España, proteger España no es una opción.
Es el trabajo.
Es el deber.
Es la razón fundamental por la que el Estado deposita en sus manos recursos, instituciones, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, inteligencia, diplomacia y capacidad de decisión.
Por eso resultan profundamente indignantes las contradicciones, las explicaciones insuficientes y cualquier intento de reducir una crisis de esta naturaleza a una disputa política ordinaria.
Aquí no debería existir Gobierno contra oposición.
Aquí debería existir:
ESPAÑA.
Y cuando los responsables políticos fallen, deben responder.
No pedimos cabezas por venganza.
Pedimos responsabilidades por dignidad institucional.
Si alguien ignoró una advertencia, queremos saberlo.
Si alguien no transmitió información, queremos saberlo.
Si alguien la recibió y no actuó, queremos saberlo.
Si los protocolos fallaron, queremos saberlo.
Si Marruecos incumplió sus obligaciones, queremos saberlo.
Y si determinadas decisiones del Gobierno fueron correctas, también deberán reconocerse.
La verdad completa.
No la verdad conveniente.
Porque la patria no pertenece a ningún Gobierno.
Los gobiernos son temporales.
España no.
Los ministros pasan.
España permanece.
Los presidentes pasan.
España permanece.
Las ideologías cambian.
España permanece.
Y precisamente ahí reside la grandeza de una nación:
España es infinitamente más grande que quienes circunstancialmente la gobiernan.
No confundamos nunca al Estado con el Gobierno.
Criticar duramente a quienes gobiernan cuando consideramos que han fallado no significa atacar España.
Todo lo contrario.
Significa exigir que quienes representan al Estado sean dignos de la responsabilidad que han recibido.
Y también significa recordar algo a quienes hoy puedan sentirse abandonados en Ceuta.
NO ESTÁIS SOLOS.
Detrás de vosotros hay millones de españoles.
Españoles de izquierdas.
Españoles de derechas.
Españoles sin ideología.
Españoles de todas las regiones.
Españoles que pueden discutir absolutamente sobre todo y, sin embargo, reconocerse bajo una certeza elemental:
España se defiende.
A nuestros policías:
respeto.
A nuestros guardias civiles:
respeto.
A nuestros militares:
respeto.
A nuestros sanitarios, funcionarios, servicios de emergencia y ciudadanos que afrontaron aquella situación:
respeto y gratitud.
Porque cuando la política discute, ellos están sobre el terreno.
Y nunca deberían pagar quienes sirven a España las consecuencias de los errores cometidos por quienes la administran.
Por eso este mensaje no pretende sembrar odio.
Pretende recordar.
Recordar quiénes somos.
Recordar de dónde venimos.
Y recordar algo que ninguna coyuntura política puede reescribir.
LA HISTORIA NO SE INVENTA.
España no nació ayer.
España ha atravesado guerras, crisis, divisiones, tragedias, dictaduras, cambios de régimen, terrorismo, dificultades económicas y momentos que parecían imposibles de superar.
Y aquí seguimos.
No porque todos los gobiernos hayan acertado.
No porque todos nuestros dirigentes hayan estado siempre a la altura.
Sino porque una nación es mucho más que sus gobernantes.
Es su pueblo.
Es su historia.
Es su cultura.
Es su memoria.
Es el sacrificio de generaciones anteriores.
Y es la responsabilidad que tenemos de entregar a las siguientes una España libre, democrática, soberana y dueña de su futuro.
Por eso ningún fracaso político puede hacernos perder la confianza en nuestro país.
Ningún Gobierno es España.
Ningún partido es España.
Ningún presidente es España.
ESPAÑA SOMOS TODOS.
Y quienes hoy gobiernan deben recordar que administran temporalmente algo que pertenece a generaciones de españoles que estuvieron antes y a generaciones que todavía no han nacido.
Eso exige humildad.
Eso exige responsabilidad.
Eso exige verdad.
Y eso exige firmeza cuando nuestra soberanía está en juego.
A Marruecos:
RESPETO.
Al Gobierno de España:
VERDAD, RESPONSABILIDAD Y FIRMEZA.
A quienes fallaron:
EXPLICACIONES.
A quienes cumplieron con su deber:
HONOR Y GRATITUD.
Y a Ceuta:
NO ESTÁIS SOLOS.
España podrá equivocarse.
España podrá atravesar crisis.
España podrá sufrir gobiernos mejores y peores.
Pero existe algo que ningún error político, ninguna presión exterior y ninguna coyuntura podrá borrar:
nuestra historia.
Y nuestra historia nos recuerda que España ha caído muchas veces.
Pero también que siempre ha sabido levantarse.
Que nadie confunda prudencia con debilidad.
Que nadie confunda diálogo con sumisión.
Que nadie confunda nuestras divisiones políticas con ausencia de Nación.
Y que nadie interprete nuestros errores como una renuncia a defender aquello que somos.
Porque los gobiernos pasan.
ESPAÑA PERMANECE.
Porque nuestra soberanía no se mendiga.
SE EJERCE.
Porque nuestra historia no se improvisa.
SE HEREDA, SE CONOCE Y SE RESPETA.
Porque Ceuta no se abandona.
CEUTA SE DEFIENDE.
Y porque frente al miedo, frente al abandono, frente al error y frente a cualquiera que piense que España puede ser doblegada, nuestra respuesta debe ser serena, democrática, firme e inequívoca:
🇪🇸 ESPAÑA NO SE RINDE.
🇪🇸 ESPAÑA PERMANECE.
🇪🇸 ESPAÑA PREVALECERÁ.
🇪🇸 CEUTA ES ESPAÑA.
